
La principal dolencia de nuestra época es la enfermedad del alma durmiente. Las artes poseen la capacidad de despertar un alma aletargada.
Un objeto bello hace que el alma despierte de su letargo atrayendo en primer lugar nuestra atención. Lo contemplamos con curiosidad, admirados y luego absortos. Todos los sentidos y toda la imaginación deben permanecer alerta cuando aparece la belleza. Si uno no la percibe, es como no comer.
La belleza es una expresión del alma profunda. Percibimos la belleza con un sexto sentido y un órgano especial capaz de una profunda percepción.
La belleza es para el alma lo que la verdad y el hecho para la mente. La belleza de un objeto es la revelación de su profundidad y significado. Para percibir esa belleza, debemos saber apreciar las apariencias y el esplendor invisible de un objeto. Asimismo, debemos tener la capacidad de dejar que nos afecte. Pero muchas personas pasan por la vida defendiéndose contra todas las influencias positivas. No están abiertas a las invitaciones y los mensajes que reciben constantemente. Se preguntan por qué la vida les parece vacía y sin sentido, cuando el problema no es la ausencia de significado sino su propia ceguera y sordera.
En un mundo donde se descuida el alma, la belleza ocupa el último lugar en la lista de prioridades. El hecho de suponer que la belleza es algo accesorio y prescindible demuestra que no comprendemos la importancia de dar al alma lo que necesita. El alma se nutre de belleza.
Quisiera compartir un platillo bellísimo para nutrir nuestra alma en esta época de invierno. El último trabajo de Loreena Mckennitt “ A Midwinter Night´s Dream” (Quinlan Road, 2008) nos regala un suculento platillo para nuestra alma. A través de las piezas musicales nos transporta a lugares místicos para tratar de descubrir el significado espiritual y religioso de esta época. En especial la pieza número dos del álbum “Un Flambeau, Jeannette, Isabelle” un aperitivo delicioso para comenzar.
Busquemos el contacto con la belleza y dejemos que ésta cumpla su misión: Alimentar el Alma.
Un objeto bello hace que el alma despierte de su letargo atrayendo en primer lugar nuestra atención. Lo contemplamos con curiosidad, admirados y luego absortos. Todos los sentidos y toda la imaginación deben permanecer alerta cuando aparece la belleza. Si uno no la percibe, es como no comer.
La belleza es una expresión del alma profunda. Percibimos la belleza con un sexto sentido y un órgano especial capaz de una profunda percepción.
La belleza es para el alma lo que la verdad y el hecho para la mente. La belleza de un objeto es la revelación de su profundidad y significado. Para percibir esa belleza, debemos saber apreciar las apariencias y el esplendor invisible de un objeto. Asimismo, debemos tener la capacidad de dejar que nos afecte. Pero muchas personas pasan por la vida defendiéndose contra todas las influencias positivas. No están abiertas a las invitaciones y los mensajes que reciben constantemente. Se preguntan por qué la vida les parece vacía y sin sentido, cuando el problema no es la ausencia de significado sino su propia ceguera y sordera.
En un mundo donde se descuida el alma, la belleza ocupa el último lugar en la lista de prioridades. El hecho de suponer que la belleza es algo accesorio y prescindible demuestra que no comprendemos la importancia de dar al alma lo que necesita. El alma se nutre de belleza.
Quisiera compartir un platillo bellísimo para nutrir nuestra alma en esta época de invierno. El último trabajo de Loreena Mckennitt “ A Midwinter Night´s Dream” (Quinlan Road, 2008) nos regala un suculento platillo para nuestra alma. A través de las piezas musicales nos transporta a lugares místicos para tratar de descubrir el significado espiritual y religioso de esta época. En especial la pieza número dos del álbum “Un Flambeau, Jeannette, Isabelle” un aperitivo delicioso para comenzar.
Busquemos el contacto con la belleza y dejemos que ésta cumpla su misión: Alimentar el Alma.

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