
Durante mi estudios universitarios, Sudáfrica ha ocupado un lugar especial en mi corazón. Fui testigo visual de cómo Nelson Mandela era liberado y después se convertía en el primer presidente de color de la Nueva Sudáfrica. Pero no ha sido hasta este año que tuve la oportunidad de sentir, vivir, palpar y enamorarme de esta gran nación. Hace 8 años, escribía en la introducción de mi tesis lo siguiente: “El 10 de mayo de 1994, Sudáfrica comenzó una nueva realidad. Nelson Mandela tomó las riendas del primer gobierno totalmente democrático y así terminaba el apartheid. Después de más de cuarenta años, el apartheid, que funcionó de manera institucional, fue abolido y así una Nueva Sudáfrica nacía. Actualmente, Sudáfrica es una país mucho más democrático y mucho más moral que hace unos cuantos años. El apartheid ha sido eliminado, el destino de los sudafricanos negros está en sus propias manos, los sudafricanos blancos ya no cargan sobre sus hombros el peso de la culpa.” Esto lo he podido comprobar durante mi viaje. Me ha impresionado la calidez de su gente, su amabilidad, su perdón, su esperanza en el futuro y sus ganas de construir una nación completamente nueva y moral, en donde la diversidad no se usa para separar a la gente, sino para edificar un destino común. Falta mucho por hacer y no todo es perfecto, aún hay diferencias raciales enraizadas, pero el empeño de sus gentes por emprender un nuevo camino hace de éste un lugar bello e inspirador. Les dejo este video de niños bailando en las calles del Ciudad del Cabo, los cuales me hicieron el viaje al regalarme una sonrisa.




